¿Cómo captar la atención de mis alumnos?

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Una pregunta recurrente de los maestros es: "¿Cómo  lograr que mis alumnos me presten más atención?". Mi respuesta es: "Estudia y pon en práctica 'Las 4 Leyes de Técnicas Dinámicas Para Hablar en Público, Ganar Confianza y Relacionarse con los Demás".

En otras palabras: ¡Conviértete en un dispositivo móvil! ¿No has notado cómo los dispositivos móviles captan la atención de grandes y chicos? No solo captan su atención, sino su tiempo y su dinero. El móvil no tiene que pedirles que le presten atención. Los usuarios lo hacen con gusto porque se sienten identificados con el equipo hasta el grado de sentir que es parte de sus cuerpos y mentes, una extensión de sí mismos. ¿Pero por qué los dispositivos móviles captan tanto la atención?

Porque obtienen las 4 cosas que tus alumnos creen que más necesitan, desean, buscan y despiertan su insaciable y gran curiosidad: Conocimientos, detalles memorables, emociones profundas y, por supuesto, entretenimiento.

Si quieren saber algo, se lo preguntan a 'papá  Google', a 'mamá Wikipedia', al 'maestro DRAE' o al 'tío Veritasium", y hallarán la respuesta, o por lo menos, una orientación que aclare el asunto. ¡Cómo no estar agradecidos y sentir su estrecha compañía!

Puede que los jóvenes no presten atención a sus maestros por muchas razones válidas. Por ejemplo, sus padres se pelean todo el día o se acaban de divorciar; falleció uno de sus abuelitos; nunca logran aprobar con una excelente calificación; los han desvalorizado; les han puesto un apodo desagradable; se equivocan, y todos se ríen; han sido víctimas de abuso, etc. 

Pero sin importar cuál sea el verdadero factor subyacente, todos aman su teléfono. Le prestan atención cada vez que les llega una notificación o suena una alarma, le dedican casi todo su tiempo disponible, con excepción de cuando se duchan (o cierran el grifo para contestar la llamada). Sus maestros envidian tanta atención. No sería exagerado decir que parece que están enamorados o hasta casados con sus teléfonos.

Hay dispositivos que les parecen tan amigables, adaptables, comprensivos, inteligentes, sabios, entretenidos, útiles, prácticos y oportunos que siempre están allí cuando los necesitan. Porque tienen todas las respuestas, todos los juegos, todas las tareas resueltas, en fin, no podríamos resumirlo.

Por tanto, no te culpo ni exagero al decir que tienes un competidor al que nunca podrías superar fácilmente, a no ser que realmente te convirtieras tú mismo en un dispositivo móvil o aplicaras Las 4 Leyes de Técnicas Dinámicas Para Hablar en Público, Ganar Confianza y Relacionarte con los Demás. ¿Por qué?

Porque en 1978 las diseñé teniendo en cuenta las 4 principales necesidades del ser humano: Información, memorización, motivación y entretenimiento. Por ejemplo, ¿quién podría tener fe en Dios sin información sobre Dios. Tampoco podríamos sumar, restar, multiplicar ni dividir, ni comprender ni usar conscientemente a nuestro favor ninguna ley física ni matemática si no la recordamos. Tampoco podríamos amar ni ser amados sin que algo o alguien nos motive. Y no podríamos prestar atención a nada o nadie que nos resulte particularmente aburrido.

Aunque gran parte del universo nos parece desordenado, otra gran parte nos asombra por su perfecta sincronización: Las órbitas de los planetas, el vuelo de los enjambres de insectos, las colonias de las hormigas, las termitas y las abejas, el nado de los delfines, el sistema de orientación de las palomas, etc.

Mi método basado en principios no solo radica en la manera de explicártelo, sino en una estructura fácil de memorizar y asimilar. Porque sus componentes están todos sincronizados y funcionan armónicamente.

¿De qué te serviría una herramienta que no puedes usar? La estructura de un método debe facilitasu aprendizaje, y una vez que lo asimilas, no vuelves a necesitar estudiar otro. Quizás no logres visualizar todo el alcance que podrían tener tus ideas si aprendieras un procedimiento para lograr que tu palabra trascendiera tu vida, pero allí está esperándote, ¡y gratis!

Míralo de este modo y piensa en esto: Si necesitas perforar un pequeño orificio en una pared, ¿es que realmente necesitas perforar el orificio en la pared? ¿O lo que realmente necesitas es un orificio en la pared? Parece lo mismo, pero no es así. Son dos cosas muy diferentes. 

Piensa: ¿Necesitas perforar el orificio? ¿O necesitas el orificio?  Podrías pedir que lo perfore otra persona. ¡Por supuesto! No tienes que perforar el orificio personalmente. De modo que necesitas el orificio, al margen de quien o cómo lo perfore.

Ahora bien, supongamos que quieres perforar el orificio personalmente. Vas a la tienda y ¿qué pides al vendedor? ¿Acaso le dirás: "Deme un hueco de cinco milímetros de ancho y dos pulgadas de profundidad?". Te quedaría mirando por un momento, procesando la estupidez: ["¿Me está  pidiendo un hueco?"]. Si es inteligente, seguramente reaccionará y exclamará: "¡Ah, usted quiere un taladro!". Podrías insistir y decirle: "¡No! No quiero un taladro. ¡Quiero un hueco!". Y te contestará: "Lo siento. No vendemos huecos".


En realidad, no es una estupidez. ¡Quieres el hueco, no quieres un taladro! Lamentablemente, no se venden huecos. Dependiendo del tamaño, los huecos se hacen con un taladro o una pala, una excavadora o una tuneladora gigante. Un hueco es un vacío, un espacio, un concepto. Se puede medir pero no se puede tocar, mover ni guardar en un bolsillo.

Por lo tanto, si eres inteligente, vas a la tienda y pides un taladro, no un hueco. En otras palabras, te adaptas a la mentalidad de la otra persona para que entienda lo que realmente quieres pedirle. Así resuelves tu problema y regresas feliz a tu casa.

Algo parecido sucede con Las 4 Leyes de Técnicas Dinámicas Para Hablar en Público, Ganar Confianza y Relacionarse con los Demás. ¿Por qué? Porque no quieres estudiar oratoria en una escuela, pero necesitas comunicarte con el resto del mundo y hacerlo bien. Es como el asunto del hueco y el taladro. Es como si necesitaras un hueco, yo te diera un taladro.

Al final, quizás ni las gracias me des, pero regresarás feliz a tu casa después de cada conferencia. Habrás alcanzado tu objetivo de trascender con la palabra. La retroalimentación resultante te habrá  convencido finalmente de que tu timidez llegó a ser cosa del pasado. Y aunque no te conozco, eso me agradaría me satisfaría y me recompensaría con creces.

Si le prestas atencion a Las 4 Leyes con la misma atención que quieres que tus alumnos le presten a tus explicaciones -y haces la tarea-, cosecharás de tus pequeños esfuerzos y pinitos las más grandes satisfacciones de tu vida.

No te pido  que te conviertas en un dispositivo móvil.  Pero continúa recordando y meditando profundamente en la relación que existe entre un hueco y un taladro. Porque sin importar lo que quieras lograr con tu carrera, siempre necesitarás una herramienta idónea. 

Si tus alumnos necesitan aprender tu materia y sacar buenas calificaciones, no basta con que prrsonalmente domines la materia. También tienes que aprender el arte de decir las cosas de modo que te presten atención, entiendan lo que dices, concuerden contigo, cooperen haciendo la tarea y comenten lo aprendido. Pregúntate: "¿Estoy dándoles las herramientas que necesitan? ¿Me puedo convertir en el taladro que necesitan?".

Tal como aquel vendedor no entendió cuando le pediste un hueco, tus alumnos necesitan aprender. Pero quizás su inteligencia no les da para más, es decir, para procesar, entender y apreciar lo mucho que te necesitan como maestro a fin de subir un peldaño más y acercarse a sus metas en la vida. Y al igual como tú y yo no nos conocemos, que te baste  con la satisfacción y el placer de haber taladrado sus mentes valiéndote de Las 4 Leyes de Técnicas Dinámicas Para Hablar en Público, Ganar Confianza y Relacionarse con los Demás.

Y si finalmente logras convertirte  en un taladro, no estarás  muy lejos de trascender y transformarte en una tuneladora que hace tuneladoras. ¡Tus alumnos te amarán y recordarán toda la vida!

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¿Qué es tener criterio?

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El criterio es una de las principales piezas del rompecabezas para cultivar la responsabilidad de tomar las mejor decisión.

Pero para ganar experiencia tomando buenas decisiones uno tiene que acostumbrarse a pensar con anticipación en las probables consecuencias y poner mucha atención a los resultados, efectos y reacciones después de llevarlas a cabo.

Por ejemplo, si uno manipulara sin precaución unos cables eléctricos con la intención de reparar el enchufe de una lámpara y recibiera un sacudón, ¿qué aprendería?


Aprender significa agarrar, atrapar, pescar o cazar cierta información. Es como si un león persiguiera, atrapara y devorara una gacela, o como si un pescador arrojara un cordel, enganchara un pez espada y lo subiera al bote.

Uno aprende cuando atrapa un dato y lo hace suyo por medio de usarlo. Al usarlo se convierte en conocimiento y experiencia. En otras palabras, aprender significa convertir la información en conocimiento. Es como ponerle un enchufe a unos alambres pelados con el propósito de encender la lámpara.

La información por sí sola quizás sea muy interesante. Pero hasta que no la haces parte de ti, no se convierte en conocimiento ni mucho menos en sabiduría. Lógicamente, tampoco te serviría de nada. No conseguirías ningún resultado ni nada que sea de beneficio alguno.

La luz del conocimento solo se enciende si usas la información; y se convierte en sabiduría si lo usas correctamente. Solo entonces ilumina tu camino.

O sea, si llevas la información a la práctica, se convierte en conocimiento. Si aplicas dicho conocimiento de modo que produce un resultado correcto o apropiado, se transforma en sabiduría.

Por tanto, uno es sabio cuando atrapa la información, la hace suya y la aplica correctamente.

Entonces, ¿qué aprendería uno si recibiera un sacudón por manipulara sin cuidado unos alambres pelados con la intención de conectar una lámpara?

Quizás una persona aprendería que primero debió leer las instrucciones, preguntar a alguien de experiencia o investigar en Internet la manera correcta de hacerlo y qué precauciones debió tener en cuenta.

Otra probablemente aprendería que no todo lo que parece simple resulta tan simple como parecía, y que hasta podría ocultar o presentar un aspecto complicado, algo muy difícil de poner en práctica o tan siniestro que hasta podría causar un accidente, incluso una muerte.

Otra tal vez aprendería que es mejor llamar a un electricista a fin de no perder tiempo.

Otra quizás aprendería que el costo de llamar a un electricista no se compararía al costo de terminar en el hospital. "Lo barato puede salirme caro".

Otra podría aprender que sería mejor comprar una lámpara de marca confiable, una que ofrezca una garantía y no dé tantos problemas.

Otra aprendería que sería más conveniente adquirir una lámpara nueva, en vez de seguir reparando la vieja.

Otra tal vez disponga de mucho tiempo libre y comience a pensar en la posibilidad de tomar un curso básico de electricidad, solo para incrementar sus conocimientos sobre la materia, a modo de pasatiempo.

Otra podría decidir que nunca más volvería a meter las manos en asuntos que pongan en riesgo su salud.

Otra podría aprender una lección más de lo que significa respetar las leyes de la naturaleza.

Y la lista de posibilidades podría seguir hasta dejarnos asombrados de la cantidad de cosas que se pueden aprender de recibir un sacudón eléctrico.

Ahora supongamos que una sola persona lograra pensar en todas esas probabilidades, no solo en una o dos. Habría atrapado la información, es cierto. ¿Pero qué hará con ella? ¿Adónde la llevarán las deducciones que sacó de su descubrimiento?

Cuanto más información atrape, transforme en conocimiento y luego en sabiduría, más veces obtendrá buenos resultados, ampliando su criterio.

Es interesante que al ampliar su criterio, por no haberse conformado con uno o dos aspectos del asunto, sino con todos los que pudo tener en cuenta, no solo ha ensanchado su base para llegar a más deducciones productivas, sino que han crecido sus ansias de saber.

Hay personas que solo se conforman con una definición simple, otras investigan un poco más profundamente porque quieren expandir su sabiduría disfrutando  de una base más ancha para sus conclusiones. ¿Cuál de las dos estará mejor capacitada con recursos para enfrentar lo desconocido, los problemas y dificultades, las decepciones y cualquier cosa que se le ponga enfrente?

Se cumplirá para ella el dicho: "El sabio absorbe y adquiere más sabiduría", lo cual le produce cada vez más resultados positivos, eficaces y productivos, retroalimentando no solo su criterio, sino sus éxitos y perspectivas.

Por ejemplo, ¿no has oído decir a cierto delincuente que terminó purgando veinte años o más años en prisión: "Todo estaba saliento perfecto"? Pero si todo estaba saliendo perfecto, entonces ¿por qué todo terminó mal? ¿Qué fue lo que pasó por alto? ¿Qué tornillo le faltó al motor de su motivación? ¿No será que desde que se originó su idea sus decisiones estuvieron equivocadas? Supuso que obtendría un gran beneficio quitándoselo a otro. Un criterio acertado le hubiera susurrado en la conciencia: "Eso no es cierto, no lo hagas, no funciona, lo que mal empieza, mal termina, uno cosecha lo que siembra".

La leyenda de Robin Hood es tan interesante que muchos pasan por alto dos factores muy importantes: Uno, que constantemente estuvo en peligro de muerte, y dos, que finalmente murió. ¡No era inmortal! Pudo haber muerto en su primera fechoría, que es lo que muchas veces les ocurre a quienes imitan su ejemplo y se creen intocables, inimputables e impunes, como si las consecuencias nunca los alcanzaría. 

Por tanto, criterio es la norma que uno adquiere y utiliza como recurso intelectual para observar y separar diferentes conceptos, analizándolos y comparándolos con otros a fin de llegar al fondo de la verdad y quedar en la mejor posición o competencia para tomar una decisión que genere resultados eficaces, no perjudiciales.

Decimos que algunas personas tienen un buen criterio, otras, poco criterio, y aún otras, que no tienen ningún criterio.

Consiguen un buen criterio quienes con los años y la experiencia desarrollan una norma para evaluar las cosas y tomar decisiones, al principio entre dos opciones, después entre más opciones. Se vuelven expertos armando su rompecabezas.

Otras tienen poco criterio porque todavía no les queda muy claro cómo evaluar las cosas ni han disfrutado del éxito que significa tomar decisiones que den buenos resultados. Su rompecabezas todavía les parece muy difícil de armar.

Y otras no tienen la más remota idea de lo que significa el criterio ni por qué suelen tomar malas decisiones. Son los que obtienen resultados que siempre las dejan frustradas. Nunca terminan de armar su rompecabezas.

"Señora, ¿no se da cuenta de que está comprando medicinas baratas, pero que tienen fecha de vencimiento de hace tres años? ¿No comprende que eso perjudicará más su salud y que está fomentando el comercio ambulatorio ilegal? ¿Sabe usted lo que está haciendo?", pregunta la reportera. Pero la respuesta es: "¡Qué puedo hacer, señorita! ¡No me alcanza la plata para comprar en la tienda!".

"Señor, ¿va usted a votar por esa persona, sabiendo que ha robado y tiene denuncias por malversar los fondos públicos?", pregunta el reportero. Y la respuesta es: "Sí, comprendo. Pero ese señor hace obras. Los otros roban, pero no hacen obras".

"Señor, ¿se opone usted?", le pregunta el reportero a un manifestante que vocifera violentamente caminando por las calles junto con una gran multitud enfervorizada que se opone a cierta decisión de las autoridades. Y la respuesta es: "¡Sí, señor! ¡¡Me opongo rotundamente!!". El reportero vuelve a la carga: "¿A qué se opone usted?". Y el manifestante lo mira, pasmado, tuerce el rostro y responde: "¡Ay, me agarró! La verdad es que no sé".

Esas son situaciones tomadas de la vida real que aparecieron en los noticieros de la noche. ¿Dirías que las tres respuestas tienen como base un criterio acertado y darán buenos resultados?

Hay ciertas cualidades cualidades que ayudan a impulsar a las personas a tomar mejores decisiones y alcanzar mejores etapas en la vida. Esas cualidades son, entre otras:
  1. Amor al trabajo
  2. Afán por el ahorro y la inversión
  3. Deseos de superación
  4. Honradez
  5. Limpieza
  6. Orden
  7. Puntualidad
  8. Responsabilidad
  9. Respeto a los derechos de los demás
  10. Respeto a la ley y los reglamentos
Estas diez valiosas cualidades [aquí dispuestas en orden mnemotécnico] conformaron lo que Octavio Mavila denominó El Decálogo del Desarrollo y le sirvió de base para fundar en 1990 el Instituto de Desarrollo Humano [INDEHU]. Todas coadyuvan al desarrollo de un mejor criterio.

Es verdad que la salud es importante, que las elecciones son necesarias para escoger a las autoridades, y que la libertad de expresión es un derecho consagrado en la Constitución. Pero ¿es esa toda la base para formarse un criterio sólido que produzca buenos resultados? Evidentemente, no. Se necesita más información, más conocimiento y más sabiduría.

Uno cultiva un buen criterio cuando se acostumbra a observar los componentes o factores de un asunto y los analiza por separado así como la manera como se relacionan con otros y los resultados que produce.

A modo de ilustración: Un motor es un sistema compuesto por diferentes piezas que hace funcionar un sistema más grande, transformando cierto tipo de energía (por ejemplo, electricidad o combustible) para conseguir otro tipo de energía (por ejemplo, energía mecánica) que produce fuerza o movimiento.

Por ejemplo, un camión tiene un motor que lo impulsa hacia delante o atrás. El motor es un sistema, pero el camión es un sistema más grande, que, a su vez, es utilizado para trasladar a personas o cosas de un lugar a otro.

Un mecánico experto es alguien que ha adquirido capacitación para examinar cada una de las piezas de un motor, ya sea para armar uno o para repararlo. ¿Y cómo adquirió dicha capacitación? Por estudio y experiencia.

Así como el mecánico, el que quiera llegar a ser un juez digno del título, también tiene que aprender a ser un crítico eficiente por medio de recibir capacitación hasta llegar a ser competente separando, observando, analizando y evaluando diferentes asuntos a fin de llegar al fondo de la verdad y emitir un veredicto correcto. Y así como hay muchos tipos de motor, también hay jueces especializados en los muchos campos de la actividad humana.

Criticar es un asunto serio que implica observar, separar y analizar diferentes conceptos para obtener un razonamiento lógico, adecuado, válido y ajustado a la verdad. No se trata de una simple opinión o juicio lanzado al aire irresponsablemente sin tener en cuenta los efectos o resultados.

Si tomo una medicina con fecha de vencimiento de hace tres años, causaré un grave daño a mi salud. Si elijo mal a las autoridades, les daré poder para tomar malas decisiones que, a la larga me resultarán perjudiciales. Y si ejerzo mi derecho a la libertad de expresión sin saber de qué trata el asunto, no solo me expondré al ridículo, sino al repudio de los que se den cuenta de mi falta de criterio.

Por otro lado, un criticón es alguien que critica mucho, generalmente con exageración de los hechos, lanzando afirmaciones y especulaciones como si fueran dardos o flechas encendidas, caiga quien caiga, sin importar las consecuencias. Le tiene sin cuidado el daño que sus palabras o acciones podrían causar a otros. Su slogan preferido es "Yo solo digo la verdad", como si decir la verdad fuese todo lo que cuenta.

Se ha sabido de personas que se quitaron la vida porque no soportaron cierta crítica infundada, lanzada temerariamente por gente inescrupulosa que se atrevió a hacer comentarios punzantes sin haber llegado realmente al fondo de la verdad ni haber tenido misericordia de quienes sufrieran por un malentendido. Dicho sencillamente, un criticón no es competente para criticar, en el buen sentido de la expresión.

También es amplio conocido que algunos juicios resultaron en juzgar a la persona equivocada de una manera equivocada, lo cual llevó a su suicidio en la cárcel.

Es cierto que un juez no puede ser cobarde. Pero no sería competente para juzgar ni alguien de quien se podría decir que tiene buen criterio, si pasa por alto factores importantes que lo llevarían a decisiones más acertadas. Ser valiente no es todo lo que cuenta.

Es interesante que la palabra criterio y crítica estén estrechamente emparentadas con la palabra crisis, que significa separar algo, pero no como partes de un todo para analizarlo. Por ejemplo, un motor puede separase en sus diferentes partes. Crisis es, más bien, una separación a modo de ruptura. Por ejemplo, un jarrón que se rompiera en mil pedazos.

Siendo que una crisis consiste en una separación en forma de ruptura que demanda una observación, análisis y reflexión con la finalidad de realizar una reparación o corrección, se exigiría una modificación o corrección en los procesos para enfrentar, por ejemplo, una crisis [o ruptura] económica.

Igualmente, una crisis familiar a veces exige consultar con un especialista en relaciones familiares a fin de que observe la situación, aísle los detalles y los analice para evaluar todo, llegar al fondo de la verdad y ayudar a los implicados a restaurar la paz y armonía en el hogar.

En una organización, el criterio de los que la componen es de vital interés para los accionistas. Porque el éxito o fracaso de los proyectos finalmene dependerá del criterio de quienes tengan a su cargo la resposabilidad de tomar las decisiones, sean grandes o pequeñas. Desde el encargado del mantenimiento y el portero del edificio hasta la Gerencia y los miembros del Directorio, todos manifiestan a diario un criterio que arroja resultados. 

Por lo tanto, un criterio eficaz es el recurso intelectual que desarrollamos con el tiempo, el estudio y la experiencia, observando y separando los diferentes conceptos de los asuntos con la finalidad de analizarlos, comparándolos con otros, a fin de llegar al fondo de la verdad y quedar en la mejor posición o competencia para tomar decisiones que generen resultados eficaces.

Bien se ha dicho que el criterio se desarrolla principalmente en el hogar, desde que el niño tiene uso de razón y da sus primeros pasos, y que si no se ha desarrollado, aún podría conseguirse a punta de esfuerzo y estudio, aprendiendo de los errores y fracasos propios y de los demás.

Por eso, acopia información y conocimiento y transfórmalos en sabiduría, las tres etapas para cultivar un criterio amplio. Y cultiva cualidades como el amor al trabajo, afan por el ahorro y la inversión, deseos de superación, honrdez, limpieza, orden, puntualidad, sentido de responsabilidad, respeto a los derechos de los demás y respeto a la ley y los reglamentos, que coadyuvarán al desarrollo de un criterio eficiente y eficaz.

Se dice que una persona tiene un buen criterio cuando su desempeño generalmente se caracteriza por tomar decisiones acertadas que llevan a resultados productivos, lo cual le merece el respeto de sus semejantes y un merecido reconocimiento por su ética personal. ¡Cuánto mejor si se enseña y aprende en el hogar!

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Cómo es un orador eficaz

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Dale Carnegie, estadounidense nacido en 1888, fundó el Dale Carnegie Course® en 1912.

Vendedor, orador y escritor consumado, en poco tiempo vendió más de 50 millones de copias de sus libros de texto en más de 30 idiomas alrededor del mundo, lo que resultó en que sus lectores se libraran de la esclavitud al tabú de que la oratoria estaba reservada para unos pocos superdotados.

Hoy su organización es una red mundial de miles de instructores. Tiene oficinas en más de 65 países ¿Qué pensaba Carnegie de la oratoria? De eso trata esta página.

El siguiente es mi comentario, basado en las enseñanzas nada ortodoxas del famoso orador e instructor de oratoria, según las cuales nadie necesita un título de orador para dar un discurso excelente, con tal que cumpla con ciertos requerimientos elementales:

Según Carnegie, un orador eficaz solo prepara notas breves, y se vale principalmente de ilustraciones y ejemplos interesantes para comunicar su mensaje.

Aunque haya acumulado 40 veces más conocimiento del que quiere exponer, evita redactarlo todo o memorizar su discurso palabra por palabra. No quiere repetirlo mecánicamente.

Prefiere ensayar por medio de traer a colación el tema durante una conversación habitual con sus amigos.

Y en vez de dejarse llevar por la angustia o ansiedad, analiza fríamente la causa oculta de cualquier temor a fin de reajustar su actitud cuanto antes, recordando que más que imitar a otros le conviene mostrarse como es.

Reconoce que le asiste el derecho natural de hablar acerca de cualquier asunto que haya estudiado y/o experimentado durante su vida, y acerca de cualquier cosa que le despierte pasión por hablar.

A continuación, nueve de las muchas ideas que Carnegie enseñaba a sus estudiantes, seguidas de un comentario.

1. "Prepara notas breves de las cosas interesantes que quieres mencionar"

Usa unos cuantos apuntes, un bosquejo. Las notas breves son fáciles de recordar. Ayudan mejor a la mente y al corazón a producir las emociones, sensaciones y sentimientos que necesitas para comunicar el mensaje de modo que tus oyentes lo recuerden para siempre.

2. "No escribas tu discurso"

Los grandes escritores no necesariamente son grandes oradores. Escribir el discurso palabra por palabra obliga a uno a repetirlo textualmente, lo cual le roba el estilo conversacional que requiere para que su habla suene persuasiva.

Si te esfuerzas por decir cada frase exactamente como la habías escrito, enterrarás tus ojos en el papel por temor de perder el hilo y atascarte. Si tus ojos se confunden de línea, tu tensión pudiera crecer en un instante, como si se estrellaran dos trenes, y, en vez de concentrarte en el discurso, tu mente se concentraría en la ansiedad y en cómo deshacerse de ella, haciéndote perder la estabilidad emocional que precisamente necesitas para continuar.

A menos que una norma lo exija, ensaya hablando con el corazón en la mano a partir de un bosquejo sencillo.

3. "No memorices todo el discurso palabra por palabra"

Memorizar el discurso es casi una garantía de que olvidarás alguna sección. Incluso si lo reconstruyeras completamente, tal vez suenes como un robot, en vez de como un ser humano, y tu mirada y voz estarían perdidos en el espacio infinito. Pocos te prestarían atención y no se convencerían ni muchos menos se dejarían persuadir.

En actuación, en cambio, la memorización de un papel sí es muy importante, especialmente cuando el director requiere que el actor se ajuste estrictamente al guion o libreto; pero en oratoria, las cualidades histriónicas, aunque pudieran sonar impresionantes, muchas veces resultan en una pésima actuación.

Si el auditorio se diera cuenta de que solo estás actuando, no solo fracasrá tu discurso, sino tu reputación e imagen. Te tomarán por una persona falsa, hipócrita o deshonesta en la que no se puede confiar. ¡La confianza es la base del éxito en oratoria!

Deja la actuación para el teatro. En oratoria, lo que cuenta es la sinceridad, la originalidad, la espontaneidad y la fuerza de la pasión, no una presentación falsa, calculada al milímetro.

En la oratoria culta y moderna se espera que el orador sea genuino y honrado con sus oyentes, no que haga un despliegue actoral.

Ten en cuenta que una actuación está asociada con un papel que el actor representa para los efectos de una obra o novela; los espectadores saben que no es real, y eso no conviene en oratoria. No se puede hablar de honradez y sinceridad si uno está fingiendo, fungiendo o actuando solo para quedar bien, buscar aprobación o regalar los oídos.

Por eso, como reza el dicho: "Si quieres ser un buen actor, que no te sorprendan actuando".

Es mejor no memorizarlo todo palabra por palabra, sino hablar con el corazón a partir de apuntes breves, o bien, teniendo a la vista una redacción sencilla.

Es verdad que las cualidades actorales pueden desplegarse intencionalmente para dramartizar algunas partes del discurso, pero no como tónica o estilo de todo el discurso, como un guion aprendido.

4. "Mantén tu discurso repleto de ilustraciones y ejemplos"

Para Carnegie, su mayor desafío al escribir un libro o preparar una conferencia no era escoger las ideas, sino las ilustraciones y los ejemplos que le darían la claridad, vida e impacto que lo hicieran inolvidable.

Haz tú lo mismo. Piensa en ilustraciones, y las explicaciones caerán por su propio peso. No aburrirás, y quedarán encantados.

5. "Acopia 40 veces más conocimiento del que vas a transmitir"

Saber mucho más de lo que vas a decir se asemeja a un generador de energía cuyo poder supera por mucho la energía que viaja por los conductores.

Si organizas tus conocimientos, tendrás la fuerza, confianza, claridad y pasión controlada que necesitas para disparar las flechas de la eficacia. Eso se consigue leyendo, estudiando y conversando con gente entendida en los diferentes campos del saber.

Hay gente que va a una fiesta y comienza a parlotear fanfarroneando acerca de sí misma. Otros son más inteligentes. Hacen preguntas directas y dejan hablar a las otras personas y les prestan atención para absorver sus conocimientos.

Por ejemplo, si tú eres automovisita, y la otra persona, físico nuclear, ¿de qué deberías hablar? ¿De automovilismo o de física? ¡De física, pues! Porque quieres obtener conocimientos de primera mano respecto a cosas que tal vez no sabías. Un automovilista sabe de física, pero quiere ampliar sus nociones.

Por ejemplo, muchos oradores suelen decir que la fórmula de Einstein, E=mc²,  es: "Energía igual a masa por la velocidad de la luz al cuadrado". Pero cuando hables tú, di: "La famosa fórmula de Einstein, E=mc², significa que 'la cantidad de energía liberada por la división de un átomo es igual a la pérdida de su masa multiplicada por el cuadrado de la velocidad de la luz'". Impacta más, ¿verdad?

Mejor aún si añades una ilustración, diciendo: "Por ejemplo, eso significa que con un kilo de cualquier sustancia podríamos proveer suficiente energía como para que un barco superpetrolero diera 900 vueltas alrededor de la Tierra sin parar". Al promedio de la gente no le interesan ni las fórmulas ni los enunciados enredados, porque no suele entenderlos ni retenerlos en la memoria.

Ten en cuenta que aunque es cierto que un grupo parece manipulable, un auditorio no se concentra fácilmente. De hecho, como masa, no se concentrará. Se concentran los individuos. Pero como masa, su identidad o sentido de individualidad y sentido de responsabilidad de comunidad, se pierden o disipan en el grupo.

A eso se debe que el típico criminal de guerra responda cuando lo juzgan: "Yo solo obedecía órdenes superiores". No siente una responsabilidad personal. No se siente involucrado ni defectuoso. Para bien o mal, el sentido de masa lo fortalece.

Pero como individuo le encantan las ilustraciones porque puede recordarlas sin problema, y porque después puede contárselas a sus amigos. Las ilustraciones descodifican en su cerebro la información abstracta haciéndola papilla y traduciéndola a términos simples. Como licuar un trozo de carne.

6. "Ensaya trayendo a colación el tema al conversar con tus amigos"

En vez de ensayar frente a un espejo gestos y ademanes mecánicos, desprovistos de vida y naturalidad, ensaya el tema discretamente trayendo el tema a colación en tus conversaciones habituales con los amigos, dejando que broten los gestos, ademanes y movimientos más espontáneos posibles teniendo en cuenta que los manifestarás de la misma manera durante tu exposición.

Y presta atención a las reacciones de tus interlocutores respecto a lo que digas, a fin de incluirlo o excluirlo del discurso. Recabar opiniones y sopesar las actitudes respecto al tema te ayudará a enfocarlo más eficientemente.

7. "No te angusties si sientes ansiedad. Averigua la causa y hazle un pequeño reajuste a tu mentalidad y actitud"

Aunque antes hubieras practicado alguna técnica vocal, o de respiración o de gestos, postura o énfasis, olvídate de esas cosas durante la presentación y concentra tu mente en la idea y en la emoción principal, como en tus ensayos, y piensa en los gatos, que no necesitan una "Condecoración al Gato Experimentado" para convencerse de que pueden maullar con toda eficacia en el vecindario en medio de la noche.

8. "Evita imitar a otros. Tómalos como modelos, pero siempre procurando ser TÚ"

"¿Por qué no aprovecha usted mi estúpida pérdida de tiempo y evita imitar a otros?", dijo una vez Dale Carnegie después de echar al tacho de basura el fruto de varios años de estudio y trabajo procurando escribir un libro que contenía las ideas de otras personas en vez de las suyas propias. De repente, una luz relumbró en su entendimiento y se dijo a sí mismo que lo adecuado sería escribir a partir de su propia experiencia, observación y convicción.

Había viajado a Nueva York para estudiar en la Academia Americana de Arte Dramático porque quería convertirse en actor, estudiar las técnicas de las estrellas, imitar sus mejores cualidades y convertirse en una luminaria. "¡Qué tontería! ¡Qué absurdo!", exclamó después, dándose cuenta de que un secreto indispensable del éxito en cualquier campo consiste en ser uno mismo, no una combinación de otras personas.

¿Por qué no le haces caso a Carnegie y aprovechas el tiempo que perdió tratando de imitar a otras personas? ¡Toma conciencia de tus propias limitaciones y acopia de tu propia experiencia!

Por supuesto, no sería prudente ni sabio irse uno al otro extremo de menospreciar el conocimiento y la experiencia de los demás. Eso no fue lo que quiso decir. Una cosa es ser uno mismo, y otra, menospreciar el aporte de los demás.

En realidad, nadie jamás podría llegar a ser uno mismo sin el aporte y la motivación que otras personas le dejaron en el camino. No a la imitación, pero sí al acopio de experiencia ajena.

De hecho, Dale Carnegie citó la mar de anécdotas, experiencias y comentarios de otras personas en sus libros y conferencias, las cuales pasaron a formar parte de su legado. No para imitar a nadie, sino para extraerles enseñanzas de valor práctico y compartirlas con sus estudiantes y lectores.

9. "Cultiva pasión por la presentación"

Según Carnegie, cualquiera puede comenzar inmediatamente a dar un discurso muy elocuente si se le hiciera víctima de una gran injusticia. Las palabras le saldrían a borbotones. ¡Cuánto más si reconoce que le asiste el derecho de hablar de todo lo que ha estudiado y experimentado durante su vida y acerca de cualquier cosa que le apasiona! Uno no necesita realmente que le hagan una gran injusticia para reconocer que puede comenzar a hablar elocuentemente de un momento a otro y encender el entusiasmo en un auditorio. Puede provocar en sí mismo la pasión de hablar prácticamente acerca de cualquier cosa que anide en su corazón.

La cuenta regresiva comienza cuando te enteras de que darás el discurso y continúa hasta el momento en que lo presentas ante el auditorio. No debes ignorar que es solo natural que crezca tu inquietud a medida que el tiempo se acorte. Aprovecha bien todos tus recursos, especialmente el tiempo, para que te sientas cada vez más fuerte para dar el siguiente paso. Es como el físicoculturismo, a medida que levantas más peso, solo tienes que reforzar tu dieta y mejorar tu disciplina.

Es como la tensión a la que un arquero somete su arco antes de disparar la flecha. La cuerda se pone tan firme y dura que parece que se va a romper. Pero no se rompe. La tremenda tensión ejercida sobre el arco es solo un indicativo claro de que la potencia con que disparará la flecha contribuirá a mantenerla en curso a través del cielo hasta dar en el blanco. ¡Es una tensión positiva que significa poder acumulado! Solo es cuestión de soltarlo justo en el momento indicado, cuando la cuenta llegue a cero.

Por tanto, recuerda:

Para comunicar tu mensaje, usa apuntes breves y piensa en ilustraciones y ejemplos interesantes que aclaren el panorama.

Aunque tengas 40 veces más conocimiento del que tienes que presentar, evita redactarlo todo o memorizar el discurso palabra por palabra, para no repetirlo mecánicamente como un loro.

Ensaya disimuladamente trayendo a colación el tema durante tus conversaciones habituales con tus amigos.

En vez de morirte de angustia o ansiedad, analiza fríamente cualquier causa oculta de temor reajustando modestamente tu actitud lo antes posible y recordando que en vez de hablar como otros, te conviene ser como eres, reconociendo que te asiste el derecho de hablar acerca de cualquier asunto que hayas estudiado y/o experimentado durante tu vida, sobre todo, acerca de las cosas que más te apasionan, incluidas las experiencias de los demás.

Si quieres saber más sobre los métodos de Dale Carnegie, puedes hacer clic arriba, en su fotografía, o descargar gratis el Dale Carnegie's Secrets Of SuccessGolden Book [en inglés, El Pequeño Libro de Oro de Secretos del Éxito] desde la página de sus libros electrónicos.

¡Muchos éxitos!

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¿Qué es redundar?



"Redundar" es algo "excesivo", "que sobra", "superficial", "que desborda", "rebosa [que excede el límite]" o "rebasa [que excede la capacidad]".

La palabra "redundancia" es muy parecida a "abundancia". Ambas están formadas en parte por "unda", del latín que significa "onda", "ola" u "oleada". Así como van y vienen las olas y rebosan o abundan en una playa o ribera en un movimiento reiterado y regresivo, se dice que una constante "redundancia" podría convertirse en una molestia para el oyente.

Y es interesante que el significado básico de unda se refiera en latín a la propagación de una perturbación, en cuyo caso el término calzaría además con el uso más común de la redundancia mal concebida: una perturbación contagiosa que no en pocos casos molesta al oído culto.

Es solo en términos generales que la redundancia suele verse como la repetición sobrante, excesiva y molesta de una palabra o frase, una que no hubiera sido necesario repetir. Por eso, algunas personas dicen: "Valga la redundancia", es decir, "me disculpo por redundar", obviamente una excusa poco aceptable cuando todos se dan cuenta de que realmente no era necesario redundar.

Por ejemplo, "El carro de Juan es un carro que corre a gran velocidad y va muy rápido cuando acelera con el acelerador [valga la redundancia]...". En tal caso, la excusa no vale realmente. Disculparse por una redundancia puede ser útil cuando hay cierto mérito en repetir algo que se dijo anteriormente, mas no cuando se trata de un evidente descuido del habla.

No es necesario decir que el carro de Juan es un carro, porque ya se dijo. No es necesario decir que corre a gran velocidad porque correr significa ir a velocidad. No es necesario decir que acelera con el acelerador, porque no se puede acelerar un auto con otra cosa. En ninguno de esos casos es aceptable la excusa por redundar. La metida de pata es evidente y extraordinaria. 

Ahora bien, aunque generalmente las personas se refieren a la "redundancia" en sentido negativo (algunos hasta la llaman "rebuznancia"), tengamos en cuenta que no toda redundancia es inaceptable. Tiene una o dos connotaciones provechosas:

1. Como técnica de memorización. En el método de Las 4 Leyes de Técnicas Dinámicas Para Hablar en Público, Ganar Confianza y Relacionarse con los Demás, la Segunda Ley exige una redundancia o repetición discreta de los conceptos clave a fin de ayudar al oyente a recordarlos con posteridad, sobre todo en los discursos que exceden unos pocos minutos. Claro, variando la forma con diferentes palabras. En tal caso, no se consideraría como repetición vacía, sino más bien como un recurso de la técnica de memorización.

2. Como recurso de emergencia. Otro uso apropiado y perfectamente adecuado de la redundancia se da cuando tal vez, durante un discurso, ya sea por una confusión o distracción, el orador olvida una parte del mensaje, y recurre a esta como recurso de emergencia.

Debido a que la memoria trabaja en cadena, olvidar un eslabón rompe la secuencia y uno puede caer en una laguna mental poniendo en riesgo el éxito de la exposición. ¿Cuán rápido se recuperaría? Redundar le daría tiempo y un respiro para tomar cualquier otro eslabón y reconectar el contenido, salvando la situación.

En resumen, aunque por lo general una "redundancia" denota un descuido en la manera de expresarse, en la práctica responsable de la oratoria dinámica se recurre a ella como instrumento de gran utilidad, ya sea 1) para dar énfasis a un concepto importante, con la finalidad de que se grabe en la memoria de los oyentes; y/o 2) para ayudar al orador a recuperarse si pierde una de sus ideas, a fin de continuar con su discurso.   

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¿Cómo practicar improvisación?

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"En boca cerrada no entran moscas"

La oratoria, como todo arte, es un tema inagotable. Pero hay algunas cosas que te convendría investigar en las páginas de Oratorianetmovil.

Respecto al discurso improvisado, una advertencia: Si no brota de tu interior no te servirá de nada, salvo para cumplir con una formalidad que los que te escuchen tampoco valorarán mucho.

Cuando no sientes el tema en el alma, difícilmente puedes tocar el corazón de tus oyentes y persuadirlos. Es muy probable que lo sientan superficial, frío o hasta aburrido. La falta de sinceridad suele ser perceptible.

Hablar por hablar es como uno de esos papeles en que escribes una idea, luego lo arrugas, y vuelves a escribir y luego lo arrugas, y vuelves a escribir y luego lo arrugas. Porque no escribes partiendo de ninguna idea ni tampoco estás usando un método. ¡Solo estás improvisando por escrito sin tener una brujula ni saber adónde te diriges! ¿Podrías ir a un lugar si no sabes dónde es? No. Igualmente, no puedes hablar de algo que no sabes ni sientes.

Pero todo cambia con un poco de discernimiento. Para que tu oratoria cobre vida y realmente te produzca satisfacción, tienes que usar una técnica o método, lo cual comienza sacando el tema del fondo de tu alma. Es así como comienzas a experimentar el placer de exponer en público.

Si no amas lo que haces, nunca puedes llegar a ser un experto, ya se trate de un deporte, de un pasatiempo, de una profesión, arte u oficio. Tienes que sentirlo en el alma. Lo mismo ocurre con el tema que seleccionas para un discurso. Otros te pueden sugerir uno, pero no hay nada como decirdirlo personalmente, escoger algo que brota y vive en tu interior.

Lógicamente, también debes tener en cuenta que no todo lo que vive en tu interior es apropiado para un tema de oratoria. Debes que sopesar si será algo que a tus oyentes les interesaría, para lo cual bastará con indagar por ahí, preguntar a algunos si sería interesante hablar de eso.

Por tanto, son dos los aspectos del secreto para improvisar: 1) Pensar en un tema que conoces muy bien y que les agradaría a tus oyentes, y 2) usar una técnica eficaz para improvisar. De eso trata este artículo.

No obstante, tal vez te asignen un tema que no conoces muy bien y te preguntes: "¿Pero cómo improvisaré sobre algo que no conozco ni muchos menos domino?".

No será así. Eso no es lo que quiero que pienses. No dije que improvises sobre algo que no conoces, sino de algo que conoces muy bien, de hecho, de algo que dominas y habita en tu interior. Algo que conoces mejor que nadie.

1. TEMA

La inquietud que se expresa con el pensamiento: "¿De qué hablo?" puede ser muy fuerte. Pero no lo será tanto si tienes en cuenta lo siguiente.

El tema que mejor conoces eres TÚ. Así es. Nadie puede decirte cómo eres ni cómo piensas, ni siquiera el mejor psicólogo. Solo tú sabes lo que hay en tu mente y corazón, y solo tú sabes todo el esfuerzo que te costó llegar hasta donde ha llegado tu vida.

Si bien es cierto tus padres, maestros, parientes y amigos te ayudaron a cultivar  y enriquecer tu personalidad y carácter, en realidad no los ves a ellos cuando te miras en un espejo. ¡Ves tu rostro, tu cuerpo, tus gestos, tu persona! Tú eres quien ha recibido todo el impacto de los cambios, y eres quien ha cosechado sus frutos hasta este día. De modo que nadie, absolutamente nadie, aparte de Dios -si crees en Él- te conoce mejor que tú. Y así será siempre.

Por esa razón, y dicho de otra manera, tú eres el tema que mejor dominas. Y como nadie te conoce mejor que tú, significa que tienes que buscar en tu interior. Por ejemplo, si alguien tratara de decirte que no eres tú, o tratara de convencer a otros de que eres otra persona, seguramente te saldría vapor por el cuello, se te abrirían los ojos de par en par y lo pondrías en su lugar con expresiones imbatibles de indignación. ¡Nadie va a decirte que no eres tú! Bueno, eso es exactamente de lo que hablo.

Nadie tiene el derecho de decirte que no puedes hablar de aquello que habita en tu interior. Y como tú eres quien mejor domina ese asunto, significa que eres una autoridad en el tema.

No solo me refiero a que sabes tu nombre, dónde vives o cuál es tu pasatiempo, quiénes son tus padres, dónde naciste o en qué escuela o universidad estudiaste. Me refiero a absolutamente todos los pensamientos, emociones y sentimientos que ingresaron a tu cerebro y que puedas recordar, incluso mucha de la información que ingresó a través de tu bulbo raquídeo. Miles de millones de datos por segundo, por minuto, por día, por semana, por mes y por año ¡toda la vida!

Esa es una enorme cantidad de información que llegó a formar parte de ti. Todo lo que estudiaste, todo lo que leíste, todo lo que experimentaste, todos tus temores y alegrías, tus sueños y ambiciones, tus éxitos y fracasos, etc. Todo eso es parte del tema que mejor dominas: Tú. Hasta si te paraste en un jardín a observar un pajarito, tienes el derecho de hablar de ese pajarito y de ese jardín. ¡Porque estuviste allí!

2. MÉTODO

Hay diferentes métodos para improvisar. Este es solo uno de ellos. Es fácil improvisar un discurso sobre una hoja de papel. Pero ni bien comiences, tal vez lo arrugues y arrojes a la basura porque no te gustó. Pero no te recomiendo esa manera de proceder si no tienes mucha experiencia en oratoria. ¡Tienes que hacerlo al revés!

Es mejor empezar por el final del discurso, no por el principio. "¿Por el final?" -dirás. Seguramente te llamó la atención. Permíteme explicarlo.

El primer paso que tienes que dar es pensar en aquello que llevas en tu interior, aquello que más amas o más odias, lo que más te gusta o lo que más te disgusta, las razones que tienes para defender o apoyar una causa, etc. Con eso como base, trázate una meta por medio de responder la siguiente pregunta: "¿Qué es lo que pretendo lograr con mi discurso? ¿Qué es lo que voy a pedir a mis oyentes que hagan?". La meta sería, por ejemplo: "Quiero que mis oyentes se lleven la mano al pecho y les duela mucho que las ballenas y tortugas marinas coman plástico. Que lo piensen dos veces antes de volver a usar bolsas de plástico". Es solo un ejemplo.

Teniendo esa idea en el corazón, el siguiente paso sería darles una fuerte razón para hacer lo que dices. Por ejemplo, que se acuesten por las noches sabiendo que son superiores a los demás. ¿En qué sentido?

"Cualquiera" puede hablar de cuidar el planeta. Eso es pura charlatanería. Solamente los de mentalidad superior, los que usan su cerebro para proyectarse al futuro, los que ponen en su corazón el futuro de las nuevas generaciones, contribuyen a un mundo mejor haciendo AHORA MISMO, algo tangible, algo real, algo magnífico: Reducir el consumos de plástico. Una cosa es hablar de ello, y otra muy diferente atacar el problema HACIENDO algo.

Y así, poco a poco, se te irá abriendo la mente para reunir las ideas que van brotando en tu interior. Entonces, se tal vez se te ocurra sacar una bolsa de papel justo en el momento en que dices: "Haciendo AHORA MISMO, algo tangible", mostrándola como la alternativa que deben pensar en vez de bolsas de plástico.

Así vas dando forma al final de tu discurso, no al comienzo. El final es lo que te motiva, lo que impulsa tus pensamientos a pensar en todo lo demás que se te pueda ocurrir al respecto. Y si te impulsó a ti, de seguro los impulsará a ellos. Si hablas con ganas, ellos te creerán y se convencerán igualmente. No solo pensarán: "¡Qué bonito discurso!" o "¡Qué bien habla!", sino: "¡Tengo que cooperar!", o "¡Ya no usaré tantas bolsas de plástico!". Tus palabras dejan de ser solo palabras. Ellos pasarán a la acción.

Ahora bien, ¿podrás pensar todo eso en los pocos segundos de que dispones para una improvisación? La respuesta es sí. ¡Porque el tema eres tú! ¿Acaso necesitas mucho tiempo para pensar en quién eres, como te llamas, dónde vives o cuál es tu pasatiempo? No. Entonces, tampoco necesitas mucho tiempo para hablar con el corazón de las cosas que bullen en tu interior. Pero recuerda: No pienses en el comienzo del discurso, sino en el final. Mantén tu mente y corazón en el final. Solo así el resto saldrá fácilmente.

Lo primero que debes preguntarte es: "¿Qué es lo que quisiera pedir a mis oyentes?". Tu corazón te contestará, por ejemplo: "Que no usen tanto plástico". Listo. Deja el resto a tu cerebro. Él sabrá cómo convertir la idea en una bomba que les explote en el alma. Si tienes el final, el resto saldrá solo, casi de milagro. Pero si no defines el final, darás vueltas y vueltas y vueltas, y escribirás algunas tonterías en un papel que arrugarás y arrugarás y arrugarás, y te torturarás sin poner un pie en tierra firme.

"Pero ¿cómo empiezo?" -dirás. Eso no será un problema si pensaste bien en el final. Será casi irrelevante. Tu cerebro no permitirá que te desvíes del tema ni que tartamudees, ¡porque sabe lo que quiere! Tiene un objetivo y un mensaje cargado de emoción. Cualquier cosa que digas será un éxito.

Por ejemplo: "Sabían que una bolsa de plástico demora muchos años para reciclarse" (escuchaste eso en la televisión, ¿verdad).

Otro ejemplo para comenzar: "Hay un hombre que está cumpliendo cincuenta años en prisión por matar a una personal La asfixió con una bolsa de plástico. Miles de tortugas marinas están ahogándose por atragantarse con bolsas de plástico. Las bolsas de plástico tardan cincuenta o más años en reciclarse.

Otro ejemplo para comenzar: "¡Yo vivo con un corazón de plástico!" (todos te quedarán mirando para saber si estás mintiendo o diciendo la verdad; pero el solo hecho de pensar que podría ser cierto, estarán esperando a ver cómo lo explicas). Luego añades: "No, no tengo un corazón de plástico. Pero vivo usando tanto plástico que pareciera que faltara poco para convertirme en un ser de plástico. ¿quisiéramos ser de plástico?".

Otro ejemplo para comenzar: "¿Dependemos del plástico?" (una larga pausa de cinco segundos les dará tiempo para recapacitar un poco sobre el grado al que estamos dependiendo del plástico. Pensarán en su tarjeta de crédito y en las bolsas que llevan al mercado, y tal vez hasta comiencen a pensar si sus anteojos, teléfonos y lentes de contacto son de plástico).

Esos son solo ejemplos para una introducción sobre ese tema. Pero cualquier cosa que digas, si mantienes tu objetivo, será excelente. Nadie sabe lo que hay en tu mente. Puedes decir cualquier cosa y nadie sabrá si lo tenías pleneado o preparado. El arte de improvisar implica que tus oyentes no sepan si lo preparaste o improvisaste.

Una acotación breve: El discurso preparado, el discurso extemporáneo y el discurso preparado no son lo mismo. El primero se prepara al detalle con tiempo de anticipación; el segundo se prepara sobre la base de un bosquejo previamente definido y quizás hay un poco de tiempo para armar un bosquejo; y el tercero no se prepara, se basa en lo que surge en ese momento, espontáneamente. Sin embargo, aun en esas condiciones, aunque no hayas preparado un bosquejo, tienes que pensar en un objetivo. Con un objetivo, por simple que sea, tienes grandes probabilidades de dar en el clavo de la eficacia.

En una clase, cierto alumno salió al frente y habló de manera impresionante sobre un tema que nos dejó pasmados. Lo aplaudieron a rabiar. Pero, basado en mi experiencia, le salté a la yugular y le pregunté delante de todos: "¿Preparaste tu discurso, o fue improvisado?". Contestó: "Fue improvisado". Entonces le pregunté: "Todo lo que nos has dicho ¿fue cierto o lo has inventado?". La respuesta fue: "No fue cierto. Lo inventé". Lo descubrí. Pensó que yo lo reprendería por engañarnos.

No fue así. Pedí un aplauso para él y lo puse como modelo de entusiasmo. A pesar de que lo que dijo no fue verdad, fue muy convincente y persuasivo. Pero les advertí a todos de los peligros de engañar a un auditorio. No lo felicité por mentir, sino porque usó bien el sentido de la improvisación. Se sacó la nota más alta. Pero en honradez y sinceridad, le di una nota baja. No es necesario engañar para improvisar con entusiasmo. Es mejor basarse en algo real. Engañar al auditorio, a no ser para ilustrar algo, puede costarnos la reputación.

Ahora bien, ¿cómo hacer en caso de que tu maestro de oratoria te pide que improvises sobre un tema que no conoces, y estás delante de todos y sientes el compromiso de hablar? Por ejemplo, te dice que hables sobre la Luna, sobre la mosca, sobre teléfonos celulares, sobre el desierto del Kalahari, sobre la anciana que vive en la cima de una montaña. Ante todo, recuerda que no es cierto que no tengas un tema para hablar. ¡Simplemente busca en tu corazón! De seguro has visto la Luna, has visto moscas, desiertos y ancianas. Solo di algo al respecto. Por ejemplo, recuerdas algo que le pasó a un amigo cuando estaban en la escuela:

"Un día un amigo bostezó justo cuando pasaba una mosca muy cerca de su boca. ¡Al aspirarla, se la tragó! ¡Qué asco! Da risa, pero en realidad, es más peligroso cuando nos tragamos una mentira, una falsa promesa, una traición, un chisme o una calumnia ¡o una bolsa de plástico! [¿ves como va tomando forma? De repente una simple mosca cobra vida ante los ojos de todos, ¡y hasta pudiste concectarla con el plástico! La introducción ha sido tan interesante que querrán escuchar más].

"Nos tragamos moscas todos los días cuando aceptamos como tontos todo lo que nos dice la publicidad y la propaganda. Tortugas marinas y ballenas también se ahogan todos los días pero no con publicidad, sino con una inundación de bolsas de plástico. ¡¡No bostecemos tan fuerte que nos traguemos una mosca!! Pero tampoco nos dejemos convencer por todo lo que dice la gente. ¡El plástico está perjudicándonos a todos!".

De ahí a entrar al final que tenías pensado, será tan simple como una consecuencia natural.

No soy biólogo. No he estudiado a la mosca. Solo sé que son molestas, se posan en la basura y a muchos les dan asco. Pero, sin querer, mi cerebro la usó para representar toda clase de tonterías que dice la gente, y sirvió para tratar el asunto del plástico. Cuando mencioné la mosca, no pensaste que hablaría del plástico ni de tortugas ni bostezos. Pensaste que seguiría hablando de la mosca. Es que no lo planeé. No lo diseñé. Mi cerebro lo hizo. Nunca antes dije eso sobre una mosca en conexión con el plástico. Acabo de hacerlo.

Tú también puedes hablar sobre una mosca y sobre cualquier cosa que haya ingresado a tu cerebro que puedas evocar. Así que no demores más. Comienza a improvisar sobre cualquier cosa, que la práctica te dará la experiencia, y cuando menos lo pienses, la improvisación nunca más será un problema para ti. ¡Serás muy convincente!

Practica los dos aspectos: 1) Piensa en cualquier cosa que hay en tu mente en ese momento, y 2) piensa en un objetivo, es decir, en cómo quieres terminar. Tu mente y corazón te enviarán el resto. ¡Quizás hasta no quieras terminar de hablar!

Dale Carnegie acostumbraba decir que una manera muy eficaz de ensayar un discurso, incluidos gestos y ademanes, y que por supuesto también serviría para desarrollar las habilidades para improvisar y enfocar más eficientemente cualquier información era trayendo a colación el tema al conversar cotidianamente con los amigos.

Es decir, en vez de ensayar frente a un espejo gestos y ademanes mecánicos, desprovistos de vida y naturalidad, recomendaba ensayar el tema discretamente trayéndolo a colación en las conversaciones habituales con los amigos, dejando brotar gestos, ademanes y movimientos espontáneos, pero teniendo en cuenta que los manifestaría de esa misma manera durante la exposición. Y prestar mucha atención a las reacciones de los interlocutores, recabando sus opiniones, a fin de incluir o excluir detalles.

Si quieres más información, busca en la sección S.O.S.

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No puedo hablar en público

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El cerebro humano es un órgano que recibe, procesa y ejecuta órdenes, semejante a lo que haces con una computadora. Si presionas una tecla incorrecta, te enviará a otra parte, o te mostrará un mensaje de error. Y seguirá enviándote a otra parte o mostrando el mismo mensaje de error una y otra vez,  hasta que presiones la tecla correcta. Porque hace aquello para lo que fue programada: Obedecer órdenes.

Algo parecido sucede con tu cerebro si le ordenas: "No puedo hablar en público". Hará todo cuanto esté a su alcance para impedir que lo hagas. De hecho, quizás algunos de tus parientes y amigos crean que nunca serás capaz de hacerlo.

El primer paso para modificar los resultados consiste en darle la orden correcta: "Si otros pueden hablar en público, ¿por qué no podría hacerlo yo?".

Solo hay una razón para cohibirte: Tu cerebro está bloqueando tu progreso porque se ha desnutrido con las órdenes equivocadas, y porque algunos de los que te rodean refuerzan tu convicción dando por sentado que no podrías hacerlo.

Mejor ¿por qué no sorprendes a todos un día dando un discurso memorable, a fin de romper el tabú y que dejen que creer que nunca podrías? ¿Acaso no se quedarían pasmados al verte allí, alzando la voz delante de todos, diciendo justo lo que querías que oigan?

¡Vamos! Iniciarás el cambio tan pronto como comiences a dirigir tu meditación en el sentido correcto y te des la oportunidad de estudiar Técnicas Dinámicas para Hablar en Público. ¡Te asombrarán los resultados!

Desde tu dispositivo móvil visita regularmente Oratorianetmovil y deshazte de la idea de que estás en desventaja. ¡Nunca vuelvas a decir: "No puedo hablar en público"!

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¿De qué depende el habla persuasiva?


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Nada sustituye la investigación y el estudio. Tienes que llenarte de información útil y estudiar sus conexiones con otros asuntos. Eso te da una base sólida de conocimiento para responder muchas dudas en tu propia mente y luego ser más convincente con los demás.

Tienes que darles algo que les despierte el apetito intelectual y emocional, es decir, una idea que los ponga a pensar un poco más de lo habitual. Por ejemplo, seguramente estarás pensando qué tiene que ver con esto la foto de arriba. Por si acaso, no la puse para despertar tu apetito, sino para mostrarte algo en lo que tal vez no habías pensado.

La base para tu capacidad de persuasión se relaciona mucho con la mayor cantidad de preguntas relacionadas con un asunto, hasta las más disparatadas y extrañas. Procura extraerles el jugo con varias respuestas opcionales. No te dejes llevar por lo que todos dicen ni por lo primero que escuchas. 

Por ejemplo, si la televisión dice: "¡Calma tu sed con esto!", piensa: "¿Realmente eso calma la sed?". Si te ofrecen "¡Minutos ilimitados!", ¿realmente no tienen límite? Que sepamos, los minutos duran 60 segundos. Piensa bien antes de concordar o discordar con las ideas que cruzan tu mente. Si te dicen que te darán "10% gratis" de cierto producto, multiplícalo por millones de unidades. ¿A cuánto crees que asciende el total? ¿Crees que nadie asume el costo de semejante regalo? ¿Realmente crees que es gratis?

Otro ejemplo, si alguien dijera: "¡Vi un OVNI!", podrías preguntarle: "¿Cómo sabes que fue un OVNI? Un OVNI se define como un Objeto Volador No Identificado. Si no lo has indentificado, ¿cómo sabes, a ciencia cierta, que se trata de un 'objeto' y que además estaba 'volando'?. Puedo aceptar que visualizaste una imagen que no lograste precisar. Eso sí lo puedo aceptar.

Algunos expertos prefieren denominar a los OVNIS como fenómenos aéreos no identificados. Aún así, si no aún no han sido identificados, ¿cómo saben que son aéreos? ¿No sería más exacto clasificarlo como 'fenómenos visuales no determinados', por lo menos hasta definirlos con mayor exactitud?

Según el investigador Jeremy Corbell, los radares muestran fenómenos aéreos que se mueven de maneras que exceden los conceptos adquiridos sobre ciencia material y tecnología de propulsión, pero estos indican que se requiere alguna clase de combustible que se mezcle con oxígeno para crear una reacción química que produzca empuje. Sin embargo, en dichos avistamientos no se observa esa clase de propulsión. No se percibe una entrada de aire ni escape. Además, es sintomático que especialmente revoloteen a cientos de kilómetros por hora sobre bases militares y centrales nucleares .

En todo caso, mientras no se determine ni defina lo que perciben los ojos, no se puede calificar como objeto que vuela por el aire. Aceptemos que se trata de un fenómeno visual no especificado. Eso sí es cierto.

Otro ejemplo: ONU es la sigla para 'Organización de Naciones Unidas'. Pero, ¿realmente están unidas? Hasta donde sabemos, las fronteras dividen a los países. Dos naciones nunca se unen. Nadie tiene derecho de ingresar sin permiso a un país. Por lo tanto, el término suena irónico, porque mientras sean 'naciones' no pueden considerarse 'unidas', mucho menos si a cada rato nos enteramos por las noticias de que no se ponen de acuerdo respecto a cierto asunto de vital importancia.

No es que explicarte estas cosas te sirva para exponer en público. Pero es útil para explicarte la necesidad de usar más cuidadosamente tus conexiones en el cerebro a fin de sacarle más provecho a tus cualidades de discernimiento y entendimiento acerca de las cosas, lo cual despertará tu sensibilidad para estar más consciente de los detalles y ser más convincente cuando hablas con los demás, porque tus neuronas se activarán y serás una persona más proactiva.

No solo se trata de adquirir conocimiento y discernimiento. Tu capacidad de convencimiento y persuasión también está estrechamente relacionada con la imagen que proyectas al hablar. Por ejemplo, tal vez tengas mucho conocimiento y discernimiento, pero tienes que expresarte con claridad y determinación para que te presten atención. El siguiente es anecdótico.

Cierto alumno de mis cursos de oratoria dijo ante la clase. "Como ven, soy de baja estatura, y me indigna la discriminación. Cuando vino el Papa, me presenté a la convocatoria de líderes para contener a la multitud. El que dirigía seleccionó a los más altos y grandotes, pero a los de baja estatura nos descartó de plano, a pesar de que teníamos grados universitarios y éramos quizás más competentes que ellos. Entonces, me quejé delante de todos, diciendo: '¿Por qué nos discrimina?'. Y todos se rieron de mí cuando me respondió: "Es que eres chato. Si se te viene encima la multitud y gritas: '¡Alto!', no solo te pisotearán, sino que te pisotearán con ganas'. En cambio, si uno de estos grandotes dice: ¡¡Alto!!', lo pensarán dos veces. P porque para contener a una multitud, prefiero a los grandotes, y si son feos, mejor". Todos estallaron de risa.

A los grandotes se les acabó la risa cuando dijo 'feos'. ¿Convincente? ¿Persuasivo? Por supuesto, pero de tipo militar. Pudo explicarlo de una manera considerada y decente, ¿verdad?

Ya sea que lo dijera despectiva o amablemente, el que dirigía solo tuvo en cuenta la imagen física que cada uno proyectaba. La lección es que te conviene aprender a sacarle el mayor provecho a tu imagen, poniéndote en ventaja de tal modo que muestres tus mejores ángulos, es decir, tus mejores cualidades y atributos personales, no importa si eres chato, feo, extranjero, sabio, ignorante, genio, tartamudo, flaco, gordo o lo que sea. Tienes que demostrar que puedes con el trabajo. 

Por ejemplo, mi hija y su esposo llevaron a mi nieto de 5 años a una obra de teatro para niños. El tema giraba en torno a unos lobos que perseguían a las gallinas. Pero antes de terminar la obra, la directora se dirigió a todos los niños: "A ver niños, ¿cómo quieren que termine la obra? ¿Qué los lobos se coman a las gallinas, o que los lobos y las gallinas se hagan amigos?". ¿Tú qué hubieras pensado?

Bueno, muchos niños comenzaron a gritar: "¡Qué se hagan amigos! ¡Qué se hagan amigos!". Pero la sonrisa de la directora se borró cuando mi nieto gritó: "¡¡NOOO!! ¡¡Que se coman a las gallinas!!", y sobre todo porque otros niños miraron a mi nieto y lo secundaron comenzando a gritar: "¡¡SIII!! ¡¡Que se las coman!! ¡¡Que se las coman!!".

Mi hija y mi yerno no sabían dónde meterse ("¡Tráganos tierra!"). Los adultos que estaban en el auditorio se reían y esforzaban por buscar con la mirada al chiquitín que había causado tal alboroto. La consternada directora, queriendo mejorar la situación y unir al grupo, también buscó son la mirada a mi nieto y le dijo: "A ver, a ver, a ver, parece que aquí tenemos opiniones divididas. ¡Tú, niño! ¿Por qué dices 'que los lobos se coman a las gallinas'?".

El auditorio enmudeció. Mi hija no sabía qué hacer. Mi yerno reía. Pero mi nieto, lejos de amilanarse, alzó la voz en cuello diciendo: "¡Porque las gallinas son comida! Comemos caldo de gallina, Kentucky Fried Chicken, huevo frito y pollo a la brasa... ¡Pero las gallinas no se comen a los lobos!". Ahora todos en el auditorio, incluida la directora, concordaron con él. Persuasivo, ¿verdad?

Por supuesto, después, la directora maniobró los asuntos de modo que los lobos y las gallinas amistaran. Porque así habían ensayado que terminara la obra. No pensaron que un chiquitín los pondría en jaque con un argumento tan interesante.

¿Acaso importó su estatura o experiencia en la vida? ¡No! Resultó convincente y persuasivo porque su pequeño cerebro pensó un poco más que los demás, aprovechó el momento y respondió espontáneamente con una idea lógica e imbatible.

No había razón para suponer que la directora enfureciera. Estaba diciendo la verdad: Las gallinas no comen lobo, pero los lobos comen gallinas. Además, cuando los humanos comen animales preparan recetas deliciosas. ¿Por qué pensar que sería incorrecto que los lobos se comieran a las gallinas? Nada extraordinario. Fue el simple razonamiento de un niño de corta edad.

Haz tú lo mismo. Piensa en profundidad, aunque se trate de contestar de improviso. Las respuestas y actitudes más apropiadas viven ahora mismo en tu interior. No temas la furia de nadie. Simplemente abre la boca y di algo que sea lógico e imbatible. ¡Serás una persona muy convincente y persuasiva! Hablarás con mucho aplomo.

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¿Cómo hablar en un funeral?

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Pocas cosas son tan desconcertantes como concebir en el corazón una explicación que ayude a comprender la muerte de alguien a quien se ama entrañablemente y lo que se puede decir o hacer en momentos tan penosos.

Es cuando nos damos un momento para reflexionar en nosotros mismos, en nuestros seres amados y en las consecuencias de algo tan sorprendente.

Quisiéramos decir algo, pero no sabemos cómo empezar ni qué decir. Quisiéramos escuchar palabras que llenen el vacío que se abrió en nuestra alma, pero pocos atinan a decir algo que siquiera parezca tener sentido.

De modo que puedes expresar tus sentimientos si crees que sería prudente hacerlo. Y si te pidieran decir unas palabras, podrías decir sinceramente lo que hay en tu corazón.

Por otro lado, las creencias difieren tanto de persona a persona. Uno no quisiera decir nada que ofendiera a unos por agradar a otros. Por eso solemos limitarnos a dar nuestras más sentidas condolencias o más sentido pésame, y punto.

Aquí te muestro una fórmula que podría servirte para armar un responso sencillo y dar en el clavo de las necesidades de tus oyentes en caso de que fuese prudente decir unas palabras. No se basa en una religión, sino en sentimientos comunes a casi todas las personas.

Si quieres añadirle un componente religioso en particular, eres libre de hacerlo, siempre que lo hagas con prudencia y respetando la conciencia de quienes se han reunido para consolarse mutuamente.

Y

(Lo que yo siento en este momento)

Comienza hablando de tus sentimientos más sinceros y expláyate en la relación que te unió a la persona.

Por ejemplo: "No es fácil para mí decir unas palabras en este momento, pero quiero expresar lo que siento al cabo de [...] años de conocer a [...]"

U

(Lo que ustedes están sintiendo en este momento)

Menciona los sentimientos que seguramente de manera semejante están embargando a los presentes.

Por ejemplo: "Seguramente para ustedes tampoco es fácil manifestar todo lo que sienten. Pero pueden estar seguros de que su sola presencia nos ha fortalecido..."

A

(Anécdotas que recordamos)

Comparte con todos una o dos anécdotas que sirvan para que se lleven un recuerdo profundo en sus corazones.

Por ejemplo: "Recuerdo que él (o ella) solía decir (o hacer, preguntar, viajar, leer, etc.)..."

N

(Lo que todos nosotros sentimos en este momento")

Finaliza resumiendo todo en una frase sencilla que se lleven de recuerdo y les sirva de incentivo.

Por ejemplo: "Por eso, sigamos adelante con nuestros proyectos y objetivos en la vida, dando por descontado que los beneficios siempre serán trascendentales. Y recordemos con mucho cariño, afecto y aprecio a [...] como un gran ejemplo a seguir e imitar".
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Si quieres leer artículos que te ayuden a pensar en algunas necesidades espirituales universales, inherentes a la mayoría de los seres humanos, aquí te paso algunos links: 1  |  2  |  4.

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4 posiciones


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Las cuatro posiciones existenciales* son un concepto acerca del cual escribió ampliamente el Dr. Thomas Harris como un enfoque práctico del análisis conciliatorio o análisis transaccional, modelo de psiquiatría social creado en la década del 60 por el Dr. Eric Berne como "una teoría de la personalidad y de la acción social, y un método clínico de psicoterapia basado en el análisis de todas las transacciones posibles entre dos o más personas sobre la base de estados del yo específicamente definidos”.

Es muy importante que comprendas que la presente explicación no es una apología de dicha teoría ni una explicación profesional o clínica, sino solo un enfoque práctico aplicado, mi interpretación personal, aplicada exclusivamente a la oratoria, y como tal, solo debes tomarla como un simple punto de referencia y ejemplo, no como una definición inflexible ni dogmática se la teoría.

Esta explicación no tiene nada que ver con traumas de la niñe ni con la trayectoria de vida de las personas, tampoco con las relaciones humanas desde un punto de vista clínico. 

Son cuatro posiciones que cualquier orador puede tener en cuenta al relacionarse con sus oyentes al preparar y presentar su discurso, y son:

1. YO ESTOY BIEN/TÚ ESTÁS BIEN
2. YO ESTOY BIEN/TÚ ESTÁS MAL
3. YO ESTOY MAL/TÚ ESTÁS BIEN
4. YO ESTOY MAL/TÚ ESTÁS MAL

Al dirigirse a otra persona, y en este caso, al auditorio, el orador inicia, ya sea consciente o inconscientemente, una acción social basándose en una de las mencionadas posiciones existenciales.

No es que abiertamente lo diga con palabras: "Yo estoy bien, ustedes están mal" o "Yo estoy bien, ustedes están bien", sino que tambien puede hacerlo sutilmente mediante su forma de expresar lo que piensa o siente, es decir, con su volumen, pronunciación, tono, velocidad, postura, ademanes, adjetivos, indirectas, insinuaciones o su actitud en general.

Por ejemplo, si junta apretadamente sus manos o se las soba a cada rato, como si estuviera lavándoselas, o fluctuara su volumen sin control, como para darse ánimo a sí mismo, probablemente sus oyentes pensarían: "Se nota que no se siente a gusto de estar allí, frente a nosotros", o: "A las claras, está con los nervios de punta", o peor: "Parece que no tiene confianza". En otras palabras: "No se siente bien".

Y no es que el auditorio lo piense, sino que lo percibe o siente con sus emociones. Los oyentes suelen reaccionar de manera emocional, espontánea e involuntaria.


Una pregunta sencilla que el orador podría deslizar con un tono cariñoso, como por ejemplo: "¿Estamos cooperando con toda el alma?", o una aparente declaración positiva, como: "Sé que se están esforzando, pero ¿podrían esforzarse un poquito más?", podría percibirse como una declaración negativa que los oyentes procesen como: "Ustedes no están cooperando como yo espero", o peor: "¿Qué se han creído? ¡No están haciendo nada, holgazanes!".

Que lo diga sonriendo, con dulzura o despacio no modifica el impacto, incluso tal vez endurezca la percepción conduciendo a un terrible malentendido. Si a los oyentes les suena a recriminación o condena, ya empezó mal su discurso..

Han sido colocados, por decirlo así en la posición YO ESTOY BIEN/TÚ ESTÁS MAL y no lo asimilarán tan fácilmente. Quizás saquen un escudo y se la devuelvan pensando: SÍ, NOSOTROS ESTAMOS MAL/PERO TÚ TAMBIÉN ESTÁS MAL, O PEOR.

En otras palabras, reaccionan a lo que suponen que no debió expresar con tanta rudeza. Quizás estaban dispuestos a aceptar una crítica o corrección, pero no en esos términos.

En cambio, si dice: "Todos estamos cooperando con toda el alma y esforzándonos", quizás anime al que no está cooperando y lo induzca a pensar: "Creo que tengo que esforzarme un poco más" y lo motive a mejorar su desempeño, porque cada uno está consciente de lo que hace.

Aunque modifique su posición durante el discurso, será muy difícil, si no imposible, cambiar el concepto que el auditorio se formó con la primera impresión (a no ser que la primera impresión hubiera sido tan solo un teatro para ilustrar algún comportamiento indeseable).

Las cuatro posiciones serían, por tanto, de negativo a positivo:

4. USTEDES ESTÁN MAL/YO ESTOY MAL
3. USTEDES ESTÁN BIEN/YO ESTOY MAL
2. USTEDES ESTÁN MAL/YO ESTOY BIEN
1. USTEDES ESTÁN BIEN/YO ESTOY BIEN (esta última es la más recomendable)

Veámoslas por separado:

Posición 4 (USTEDES ESTÁN MAL, YO TAMBIÉN ESTOY MAL)

Desde esta posición, el orador se dirige a sus oyentes dándoles a entender que son unos débiles, ineptos, incompetentes, tontos, brutos, equivocados, fracasados, farsantes, hipócritas o despreciables, pero él mismo proyecta una imagen fuerte, apta, competente, dominante, intolerante, ruda o disfrazada (la esencia del egotismo y la arrogancia). Desde su óptica, ¡todos ellos están mal! Pero ellos le devuelven el bulto pensando: "el que está mal, eres tú", rebotando el impacto.

En tal caso, el auditorio tal vez coopere (si ve que los incentivos son irresistibles). Pero no lo harán de corazón, sino solo por un interés egoísta. Si la motivación no es del agrado del auditorio, lo más probable es que no cooperen ni en sueños. Solo lo harán al grado y por el tiempo que piensen que valdrá la pena soportarlo.

En un plano de menor intensidad el orador tal vez decida proyectar la imagen de que todos estamos mal (incluyéndose a sí mismo) porque somos imperfectos, a fin de destacar que en conjunto podríamos mejorar un poquito aplicando ciertos consejos.

Posición 3 (USTEDES ESTÁN BIEN/YO ESTOY MAL)

Desde esta posición, el orador se dirige al auditorio proyectando una imagen débil, tímida, inepta, disminuida, pobre e incapaz de hacer un buen discurso, o quizá pensando que sería mejor que lo hiciera otra persona, mientras ve al auditorio como un juez implacable e inmisericorde que lo derrotará y criticará de manera fulminante. Con una actitud así, sus oyentes difícilmente se sentirán impulsados a cooperar.

Dicha posición podría inspirar lástima. Aunque el oyente perciba que el orador respeta y encomia al auditorio, no siente lo mismo por él. El resultado es un escaso poder de convocatoria. No despertará ningún deseo de cooperar. No le harán caso.

En un plano de menor intensidad, por alguna razón en particular, el orador tal vez decida proyectar una imagen de inferioridad, considerando superiores a sus oyentes ("ustedes son importantes para mí") para destacar su humildad. Pero lo haría para enfatizar su convicción de que no tiene intención de imponerles nada, sino solo de contribuir a su desarrollo y progreso.

Posición 2 (USTEDES ESTÁN MAL/YO ESTOY BIEN)

Desde esta posición, el orador se dirige al auditorio proyectando una imagen exagerada de sí mismo (o de la entidad que representa), como si estuviera andando sobre las nubes, con la nariz en el cielo y la boca en la tierra, dando la impresión de que se considera un modelo perfecto. 

En este caso parece proyectar la imagen de un dios, o que sus oyentes son de una casta, clase o raza inferior, unos lastimosos, incapaces e ignorantes ("si ustedes no son como yo, no valen nada"). Probablemente cooperen, pero porque se sienten intimidados o forzados, o porque los incentivos son irresistibles, pero no porque realmente deseen cooperar. 

Dicha posición muy probablemente despierte antagonismo, desprecio o rechazo de una gran parte del auditorio. El oyente se siente indispuesto a cooperar, no da su brazo a torcer. Seguramente opondrá resistencia de maneras poco disimuladas. 

Es una posición tan peligrosa que podría provocar que le arrojaran huevos, si no físicamente, por lo menos imaginariamente. Por decirlo de otra manera, gana a corto plazo, pero fracasa a mediano y largo plazo.

En un plano de menor intensidad se consigue el mismo efecto. Es una posición detestable. Impacta desagradablemente el amor propio de cualquiera.

Posición 1 (USTEDES ESTÁN BIEN/YO ESTOY BIEN [la más recomendable])

Desde esta posición, el orador se dirige al auditorio sintiéndose equilibrado, aplomado, digno y seguro de sí mismo.  Inspira en sus oyentes el sentimiento de que los considera como sus iguales, como personas que merecen toda su dedicación y aprecio. Está asumiendo la posición existencial N°1. 

¡Todos estamos bien en algún sentido! Esta es la posición ideal para un desempeño excelente en oratoria. Demuestra respeto por los derechos humanos. Los oyentes se sienten animados a reflexionar y depositar su confianza. Sin duda se esforzarán por poner en práctica las sugerencias que reciban. Su mente y corazón están abiertos. 

En este caso, no sería raro que reaccionaran con un aplauso generoso. "¡Todos estamos bien!", en el sentido de que vamos juntos en el camino del progreso, no en el sentido de que nadie nos puede dar consejos o que no necesitemos nada de nadie.

Imagina que el orador dijera algo como esto: "Todos solemos esforzarnos por aquello que más queremos. Cada vez que deseé algo con todo mi corazón, me esforcé al máximo por conseguirlo, pero en el fondo me quedaba la sensación de que tal vez no me había esforzado lo suficiente. Y cuando le ponía corazón y hacía mi mejor esfuerzo, aunque no lo consiguiera, esa noche dormía plácidamente sabiendo que hice el máximo. Eso me impulsaba a seguir intentándolo cada día. El resultado fue que la siguiente vez lo lograba y me sentía feliz. ¿No le ha sucedido eso a usted también a veces? ¡Claro! A todos nos encanta alcanzar nuestras metas. Es cierto. Pero en el fondo, lo que más nos gustó fue el esfuerzo que hicimos, no tanto la meta en sí misma. Porque superamos temores, encaramos decepciones, invertimos dinero, nos recuperamos de mil fracasos, vencimos contra la indiferencia de las personas negativas y saboreamos un éxito que sabíamos que nos pertenecía. (Fue como decirles: "Ustedes están bien. Yo estoy bienSigamos estando bien a pesar de las circunstancias y al final nos sentiremos mejor que nunca".

Mi consejo es que el orador inicie y mantenga en todo momento la posición 1, y evite a toda costa cualquier rasgo, postura, opinión o comentario dogmatico que lo sitúe en la posición 2. Y solamente valerse en menor intensidad de las posiciones 4 y 3 cuando lo exijan las circunstancias, calculando bien y de antemano la sinergia que podría generar. MÁS

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